Scenario(ORIGINAL)
Este relato ORIGINAL ha sido creado exclusivamente para la página de Blogspot.com, E.R.I.S.E.D y, por consiguiente, cualquier difusión del material aquí presentado en otra página o bajo otro seudónimo, sin autorización de su creador, acarreará problemas a su difusor, por hacerlo de mala fe. Thomas Mckellen jamás publicará estos textos en otra página, y si llega a hacerlo, será anunciado en E.R.I.S.E.D. con antelación.
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Hasta dónde puede enloquecer un hombre...
No sé...
Una escena solamente, un scenario ideal...
Donde la locura y la desazón se ven reflejadas
En una inocente risa.
Nada importaba más que el pasto que cedía bajo su espalda. El chico estaba sin defensa, sus manos retenidas por las muñecas, sus ojos clavados en la luna... Que observaba inverosímilmente...
Un jadeo en su oído, un solo de guitarra en sus oídos...
“Bulletproof Cupid”...
El hombre sobre él reía un tanto, satisfecho de verle así de sometido, su sueño tantas veces acariciado, al fin cumplido....
A lo lejos, el sonido de los autos que transitaban por la avenida principal.
Estaban solos, nadie los escucharía, por más que gritasen cualquiera de los dos. El adolescente se sabía completamente desamparado, percibiendo la brisa en su pecho, mientras sus pupilas castañas seguían fijas en la luna llena, en sus cráteres, en su nívea faz, sin sentido alguno entonces...
Le abrieron la cremallera de los pantalones, le desgarraron la camisa barata, le acariciaron las caderas, ese gemido asqueroso en sus oídos, como la melodía, como la luna en sus ojos...
- Eres tan riiiiico.... -. El hombre (bastante mayor, por cierto) enterró la nariz en su cuello, sin descuidar su aprieto, su violencia. Suspiró y miró la cara deseada, deslizó su mano callosa hasta la entrada, y ahora lo besaba mientras lo penetraba con los dedos, el muchacho incapaz de oponer resistencia alguna. – Me gustas tanto... serás mío.... serás.... mío... -.
El joven se arqueó, y pareció reaccionar. Se movió convulsivamente, sus piernas meneándose de un lado a otro.
- No… -.
- Te voy a pagar, puta… Te voy a pagar… -.
- No aquí, no así… -.
- Yo pago, yo decido –
El joven continuó peleando, pero lo sabía todo una tontería… No podía creer que…
La intromisión del segundo dígito le hizo perder la concentración.
- ¿No es esto lo que te gusta? -. Seguía diciéndole el hombre, mientras sacaba sus dedos de las entrañas del joven y se bajaba la cremallera de los pantalones - ¿No es esto por lo que huiste de casa y empezaste a pararte en esta esquina? – Jadeó y el chiquillo vio eso que se le acercaba y lo amenazaba, una sierpe, como todos le decían… Las conocía muy bien, mil veces las había probado, mil veces las había ayudado a entrar en su propio cuerpo, pero ahora… Ahora no quería.
Sí, me fui de casa por esto, porque quería ser de todos, porque siempre entre esas paredes blancas y esos preceptos de la pureza, yo no encajaba… Y me gusta ser poseído, me gusta ser mimado y tocado, me gusta ser violentado… Amo cuando los hombres me contemplan, cuando susurran en mi oído que soy de su agrado, cuando siento que sus manos se vuelven parte de mí, y me estremecen… Soy una puta, soy un maricón, y nunca he podido negarlo, es mi naturaleza…
Yo escogí abandonarte y ahora…
Ahora te las estás cobrando.
- ¿Te duele? – Sin ninguna delicadeza el hombre mayor apostó el glande en la entrada del adolescente y empezó a empujar con rabia, con ira, con celos…
Un gemido tras otro, vibras como si fueras un delicado instrumento en mis manos… Me odias, me lo dicen tus ojos y eso, por alguna razón, sólo consigue envanecerme… Has pensado en mí, has huido de mí, hasta que ahora te puse las manos encima… ¿Cuántos años no te he deseado, mi niño? Con tus ojos castaños, con tu piel dulce y plácida, esa mirada ensoñada que dirigías a los otros hombres, como homenaje a su belleza…
Pero nunca vi esos sueños fijándose en mí
- AHH-
- Que todo el mundo nos escuche… -.
- AHHH – Gozo y dolor, placer delirante… El chico sentía eso que se movía en su interior, que era aceptado por su cuerpo, y que a pesar del horro de la revelación, quería mucho más…
Nunca te vi con amor, jamás pensé que me querrías… Tus palabras, tus actos, los veía como parte de tu educación, como algo que DEBÍAS hacer…
La luna, es tan hermosa…
Mi piel, está tan caliente…
Estas ondas de dolor, estos escalofríos, no están bien…
Ámame.
Mátame.
El hombre se arqueó sobre el torso de esta hetaira sin senos, de cintura estrecha, y nalgas firmes, pequeñas… Todo él era pequeño, femenino, innegablemente extraviado… Tan dulce, el brillo de la luna, el viento frío, las luces torvas de los automóviles que se acercaban y alejaban, sin verlos, dibujando millones de formas, jugando con las sombras para hacerlo todo un sueño…
Hundió nuevamente su boca en aquella que por años contempló y deseó, sin acercarse… Mientras su cuerpo seguía el ritmo de embestidas terrible, sus brazos liberando al joven y tomando sus piernas desprovistas de cualquier protección, separándolas más para érase camino con fuerza y llegar hasta el fondo, el sexo de la meretriz enhiesto, moviéndose a este son electrizante…
- Dime que me amas… -.
Y por toda respuesta, el jovencito empezó a reírse… Ese chiquillo de 16 años fue incapaz de decir algo más, de hablar… Su cabeza se nubló y la risa ahogó su llanto, opacó las lágrimas que salían en tropel de sus pupilas… Sus manos libres se asieron a la espalda de su amante y se enterraron las uñas provocando nuevas sensaciones…
Risa, risa, risa…
La luna estaba tan hermosa, y él reía muy fuerte, llamado la atención de la gente que pasaba por ahí, pero que doblaban a cualquier lado al verlo tan humillado y contento.
Sólo son una puta y su cliente teniendo sexo… ¿no podrían hacerlo en otro lugar?
¿No pueden buscar una casa para estos jueguitos indecentes?
Gemidos, risas, palabras de amor que nunca le habían dicho, palabras que hablaban de obsesión, de un deseo que creció como crecía él mismo, lentamente, dulcemente…
- Me gusta la luna… Me gusta el pasto… ¿Me llevarás al parque de diversiones como acordamos, papá? -
El hombre finalmente sintió venirse, y ante esta pregunta retrocedió, asustado, más cuando el chico empezó a reírse de nuevo.
- ¿Me comprarás la paleta que olvidaste? ¿Me tomarás de nuevo en brazos cuando llore, y me acunarás? ¿Volvería a ser tu hijo odiado, aquel al que escupías, si regreso a casa? Me hiciste daño, estoy sangrando… -.
- ¿Qué dices? -.
- Me duele, papá… -.
La luna ya no estaba, no estaban los autos, el pasto bajo su espalda…
El hombre le contempló extrañado. Su querido niño nunca se había comportado así. Se sentó a su lado, completamente desnudo y le tocó la frente.
- Tienes un poco de fiebre, Francisco- Lo llevó a su pecho – Ven, descansa, no hables más… No me percaté de que estabas un poco enfermo… -. Le acarició la cabeza con cariño. Francisco era su puta preferida, el único al que buscaba cuando la soledad y su matrimonio le agobiaban demasiado.
- Estoy sangrando… ¿Eso es malo? -.
- No estás sangrando… Cierra tus ojitos, pequeño, descansa… Duerme conmigo ¿Quieres? -.
- ¿Soy tu hijo? –
- Si, pero duerme, te llevaré al parque ¿Bueno? -.
- YA… -.
“Bulletproof Cupid”
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Hasta dónde puede enloquecer un hombre...
No sé...
Una escena solamente, un scenario ideal...
Donde la locura y la desazón se ven reflejadas
En una inocente risa.
Nada importaba más que el pasto que cedía bajo su espalda. El chico estaba sin defensa, sus manos retenidas por las muñecas, sus ojos clavados en la luna... Que observaba inverosímilmente...
Un jadeo en su oído, un solo de guitarra en sus oídos...
“Bulletproof Cupid”...
El hombre sobre él reía un tanto, satisfecho de verle así de sometido, su sueño tantas veces acariciado, al fin cumplido....
A lo lejos, el sonido de los autos que transitaban por la avenida principal.
Estaban solos, nadie los escucharía, por más que gritasen cualquiera de los dos. El adolescente se sabía completamente desamparado, percibiendo la brisa en su pecho, mientras sus pupilas castañas seguían fijas en la luna llena, en sus cráteres, en su nívea faz, sin sentido alguno entonces...
Le abrieron la cremallera de los pantalones, le desgarraron la camisa barata, le acariciaron las caderas, ese gemido asqueroso en sus oídos, como la melodía, como la luna en sus ojos...
- Eres tan riiiiico.... -. El hombre (bastante mayor, por cierto) enterró la nariz en su cuello, sin descuidar su aprieto, su violencia. Suspiró y miró la cara deseada, deslizó su mano callosa hasta la entrada, y ahora lo besaba mientras lo penetraba con los dedos, el muchacho incapaz de oponer resistencia alguna. – Me gustas tanto... serás mío.... serás.... mío... -.
El joven se arqueó, y pareció reaccionar. Se movió convulsivamente, sus piernas meneándose de un lado a otro.
- No… -.
- Te voy a pagar, puta… Te voy a pagar… -.
- No aquí, no así… -.
- Yo pago, yo decido –
El joven continuó peleando, pero lo sabía todo una tontería… No podía creer que…
La intromisión del segundo dígito le hizo perder la concentración.
- ¿No es esto lo que te gusta? -. Seguía diciéndole el hombre, mientras sacaba sus dedos de las entrañas del joven y se bajaba la cremallera de los pantalones - ¿No es esto por lo que huiste de casa y empezaste a pararte en esta esquina? – Jadeó y el chiquillo vio eso que se le acercaba y lo amenazaba, una sierpe, como todos le decían… Las conocía muy bien, mil veces las había probado, mil veces las había ayudado a entrar en su propio cuerpo, pero ahora… Ahora no quería.
Sí, me fui de casa por esto, porque quería ser de todos, porque siempre entre esas paredes blancas y esos preceptos de la pureza, yo no encajaba… Y me gusta ser poseído, me gusta ser mimado y tocado, me gusta ser violentado… Amo cuando los hombres me contemplan, cuando susurran en mi oído que soy de su agrado, cuando siento que sus manos se vuelven parte de mí, y me estremecen… Soy una puta, soy un maricón, y nunca he podido negarlo, es mi naturaleza…
Yo escogí abandonarte y ahora…
Ahora te las estás cobrando.
- ¿Te duele? – Sin ninguna delicadeza el hombre mayor apostó el glande en la entrada del adolescente y empezó a empujar con rabia, con ira, con celos…
Un gemido tras otro, vibras como si fueras un delicado instrumento en mis manos… Me odias, me lo dicen tus ojos y eso, por alguna razón, sólo consigue envanecerme… Has pensado en mí, has huido de mí, hasta que ahora te puse las manos encima… ¿Cuántos años no te he deseado, mi niño? Con tus ojos castaños, con tu piel dulce y plácida, esa mirada ensoñada que dirigías a los otros hombres, como homenaje a su belleza…
Pero nunca vi esos sueños fijándose en mí
- AHH-
- Que todo el mundo nos escuche… -.
- AHHH – Gozo y dolor, placer delirante… El chico sentía eso que se movía en su interior, que era aceptado por su cuerpo, y que a pesar del horro de la revelación, quería mucho más…
Nunca te vi con amor, jamás pensé que me querrías… Tus palabras, tus actos, los veía como parte de tu educación, como algo que DEBÍAS hacer…
La luna, es tan hermosa…
Mi piel, está tan caliente…
Estas ondas de dolor, estos escalofríos, no están bien…
Ámame.
Mátame.
El hombre se arqueó sobre el torso de esta hetaira sin senos, de cintura estrecha, y nalgas firmes, pequeñas… Todo él era pequeño, femenino, innegablemente extraviado… Tan dulce, el brillo de la luna, el viento frío, las luces torvas de los automóviles que se acercaban y alejaban, sin verlos, dibujando millones de formas, jugando con las sombras para hacerlo todo un sueño…
Hundió nuevamente su boca en aquella que por años contempló y deseó, sin acercarse… Mientras su cuerpo seguía el ritmo de embestidas terrible, sus brazos liberando al joven y tomando sus piernas desprovistas de cualquier protección, separándolas más para érase camino con fuerza y llegar hasta el fondo, el sexo de la meretriz enhiesto, moviéndose a este son electrizante…
- Dime que me amas… -.
Y por toda respuesta, el jovencito empezó a reírse… Ese chiquillo de 16 años fue incapaz de decir algo más, de hablar… Su cabeza se nubló y la risa ahogó su llanto, opacó las lágrimas que salían en tropel de sus pupilas… Sus manos libres se asieron a la espalda de su amante y se enterraron las uñas provocando nuevas sensaciones…
Risa, risa, risa…
La luna estaba tan hermosa, y él reía muy fuerte, llamado la atención de la gente que pasaba por ahí, pero que doblaban a cualquier lado al verlo tan humillado y contento.
Sólo son una puta y su cliente teniendo sexo… ¿no podrían hacerlo en otro lugar?
¿No pueden buscar una casa para estos jueguitos indecentes?
Gemidos, risas, palabras de amor que nunca le habían dicho, palabras que hablaban de obsesión, de un deseo que creció como crecía él mismo, lentamente, dulcemente…
- Me gusta la luna… Me gusta el pasto… ¿Me llevarás al parque de diversiones como acordamos, papá? -
El hombre finalmente sintió venirse, y ante esta pregunta retrocedió, asustado, más cuando el chico empezó a reírse de nuevo.
- ¿Me comprarás la paleta que olvidaste? ¿Me tomarás de nuevo en brazos cuando llore, y me acunarás? ¿Volvería a ser tu hijo odiado, aquel al que escupías, si regreso a casa? Me hiciste daño, estoy sangrando… -.
- ¿Qué dices? -.
- Me duele, papá… -.
La luna ya no estaba, no estaban los autos, el pasto bajo su espalda…
El hombre le contempló extrañado. Su querido niño nunca se había comportado así. Se sentó a su lado, completamente desnudo y le tocó la frente.
- Tienes un poco de fiebre, Francisco- Lo llevó a su pecho – Ven, descansa, no hables más… No me percaté de que estabas un poco enfermo… -. Le acarició la cabeza con cariño. Francisco era su puta preferida, el único al que buscaba cuando la soledad y su matrimonio le agobiaban demasiado.
- Estoy sangrando… ¿Eso es malo? -.
- No estás sangrando… Cierra tus ojitos, pequeño, descansa… Duerme conmigo ¿Quieres? -.
- ¿Soy tu hijo? –
- Si, pero duerme, te llevaré al parque ¿Bueno? -.
- YA… -.
“Bulletproof Cupid”

