Monday, September 12, 2005

Scenario(ORIGINAL)

Este relato ORIGINAL ha sido creado exclusivamente para la página de Blogspot.com, E.R.I.S.E.D y, por consiguiente, cualquier difusión del material aquí presentado en otra página o bajo otro seudónimo, sin autorización de su creador, acarreará problemas a su difusor, por hacerlo de mala fe. Thomas Mckellen jamás publicará estos textos en otra página, y si llega a hacerlo, será anunciado en E.R.I.S.E.D. con antelación.
**********************************************************************



Hasta dónde puede enloquecer un hombre...

No sé...

Una escena solamente, un scenario ideal...

Donde la locura y la desazón se ven reflejadas
En una inocente risa.


Nada importaba más que el pasto que cedía bajo su espalda. El chico estaba sin defensa, sus manos retenidas por las muñecas, sus ojos clavados en la luna... Que observaba inverosímilmente...

Un jadeo en su oído, un solo de guitarra en sus oídos...

Bulletproof Cupid”...

El hombre sobre él reía un tanto, satisfecho de verle así de sometido, su sueño tantas veces acariciado, al fin cumplido....

A lo lejos, el sonido de los autos que transitaban por la avenida principal.

Estaban solos, nadie los escucharía, por más que gritasen cualquiera de los dos. El adolescente se sabía completamente desamparado, percibiendo la brisa en su pecho, mientras sus pupilas castañas seguían fijas en la luna llena, en sus cráteres, en su nívea faz, sin sentido alguno entonces...

Le abrieron la cremallera de los pantalones, le desgarraron la camisa barata, le acariciaron las caderas, ese gemido asqueroso en sus oídos, como la melodía, como la luna en sus ojos...

- Eres tan riiiiico.... -. El hombre (bastante mayor, por cierto) enterró la nariz en su cuello, sin descuidar su aprieto, su violencia. Suspiró y miró la cara deseada, deslizó su mano callosa hasta la entrada, y ahora lo besaba mientras lo penetraba con los dedos, el muchacho incapaz de oponer resistencia alguna. – Me gustas tanto... serás mío.... serás.... mío... -.
El joven se arqueó, y pareció reaccionar. Se movió convulsivamente, sus piernas meneándose de un lado a otro.
- No… -.
- Te voy a pagar, puta… Te voy a pagar… -.
- No aquí, no así… -.
- Yo pago, yo decido –

El joven continuó peleando, pero lo sabía todo una tontería… No podía creer que…

La intromisión del segundo dígito le hizo perder la concentración.

- ¿No es esto lo que te gusta? -. Seguía diciéndole el hombre, mientras sacaba sus dedos de las entrañas del joven y se bajaba la cremallera de los pantalones - ¿No es esto por lo que huiste de casa y empezaste a pararte en esta esquina? – Jadeó y el chiquillo vio eso que se le acercaba y lo amenazaba, una sierpe, como todos le decían… Las conocía muy bien, mil veces las había probado, mil veces las había ayudado a entrar en su propio cuerpo, pero ahora… Ahora no quería.


Sí, me fui de casa por esto, porque quería ser de todos, porque siempre entre esas paredes blancas y esos preceptos de la pureza, yo no encajaba… Y me gusta ser poseído, me gusta ser mimado y tocado, me gusta ser violentado… Amo cuando los hombres me contemplan, cuando susurran en mi oído que soy de su agrado, cuando siento que sus manos se vuelven parte de mí, y me estremecen… Soy una puta, soy un maricón, y nunca he podido negarlo, es mi naturaleza…

Yo escogí abandonarte y ahora…

Ahora te las estás cobrando.


- ¿Te duele? – Sin ninguna delicadeza el hombre mayor apostó el glande en la entrada del adolescente y empezó a empujar con rabia, con ira, con celos…

Un gemido tras otro, vibras como si fueras un delicado instrumento en mis manos… Me odias, me lo dicen tus ojos y eso, por alguna razón, sólo consigue envanecerme… Has pensado en mí, has huido de mí, hasta que ahora te puse las manos encima… ¿Cuántos años no te he deseado, mi niño? Con tus ojos castaños, con tu piel dulce y plácida, esa mirada ensoñada que dirigías a los otros hombres, como homenaje a su belleza…

Pero nunca vi esos sueños fijándose en mí


- AHH-
- Que todo el mundo nos escuche… -.
- AHHH – Gozo y dolor, placer delirante… El chico sentía eso que se movía en su interior, que era aceptado por su cuerpo, y que a pesar del horro de la revelación, quería mucho más…

Nunca te vi con amor, jamás pensé que me querrías… Tus palabras, tus actos, los veía como parte de tu educación, como algo que DEBÍAS hacer…

La luna, es tan hermosa…

Mi piel, está tan caliente…

Estas ondas de dolor, estos escalofríos, no están bien…

Ámame.

Mátame.

El hombre se arqueó sobre el torso de esta hetaira sin senos, de cintura estrecha, y nalgas firmes, pequeñas… Todo él era pequeño, femenino, innegablemente extraviado… Tan dulce, el brillo de la luna, el viento frío, las luces torvas de los automóviles que se acercaban y alejaban, sin verlos, dibujando millones de formas, jugando con las sombras para hacerlo todo un sueño…

Hundió nuevamente su boca en aquella que por años contempló y deseó, sin acercarse… Mientras su cuerpo seguía el ritmo de embestidas terrible, sus brazos liberando al joven y tomando sus piernas desprovistas de cualquier protección, separándolas más para érase camino con fuerza y llegar hasta el fondo, el sexo de la meretriz enhiesto, moviéndose a este son electrizante…

- Dime que me amas… -.

Y por toda respuesta, el jovencito empezó a reírse… Ese chiquillo de 16 años fue incapaz de decir algo más, de hablar… Su cabeza se nubló y la risa ahogó su llanto, opacó las lágrimas que salían en tropel de sus pupilas… Sus manos libres se asieron a la espalda de su amante y se enterraron las uñas provocando nuevas sensaciones…

Risa, risa, risa…

La luna estaba tan hermosa, y él reía muy fuerte, llamado la atención de la gente que pasaba por ahí, pero que doblaban a cualquier lado al verlo tan humillado y contento.

Sólo son una puta y su cliente teniendo sexo… ¿no podrían hacerlo en otro lugar?

¿No pueden buscar una casa para estos jueguitos indecentes?

Gemidos, risas, palabras de amor que nunca le habían dicho, palabras que hablaban de obsesión, de un deseo que creció como crecía él mismo, lentamente, dulcemente…

- Me gusta la luna… Me gusta el pasto… ¿Me llevarás al parque de diversiones como acordamos, papá? -

El hombre finalmente sintió venirse, y ante esta pregunta retrocedió, asustado, más cuando el chico empezó a reírse de nuevo.

- ¿Me comprarás la paleta que olvidaste? ¿Me tomarás de nuevo en brazos cuando llore, y me acunarás? ¿Volvería a ser tu hijo odiado, aquel al que escupías, si regreso a casa? Me hiciste daño, estoy sangrando… -.
- ¿Qué dices? -.
- Me duele, papá… -.

La luna ya no estaba, no estaban los autos, el pasto bajo su espalda…

El hombre le contempló extrañado. Su querido niño nunca se había comportado así. Se sentó a su lado, completamente desnudo y le tocó la frente.

- Tienes un poco de fiebre, Francisco- Lo llevó a su pecho – Ven, descansa, no hables más… No me percaté de que estabas un poco enfermo… -. Le acarició la cabeza con cariño. Francisco era su puta preferida, el único al que buscaba cuando la soledad y su matrimonio le agobiaban demasiado.
- Estoy sangrando… ¿Eso es malo? -.
- No estás sangrando… Cierra tus ojitos, pequeño, descansa… Duerme conmigo ¿Quieres? -.
- ¿Soy tu hijo? –
- Si, pero duerme, te llevaré al parque ¿Bueno? -.
- YA… -.

“Bulletproof Cupid”

Saturday, September 10, 2005

ESCRITOR EN PROBLEMAS (Vivencial)

Son las tantas de la noche, mañana tengo prueba e intento desesperadamente escribir, y como en la columna anterior ya me victimicé lo suficiente (menos mal que Crow no lee) nos focalizaremos en mi parte Thomas Mckellen.

Es un trabajo para alguien a quien tengo en alta estima: Haima Yagami, Ella alojó en Yaoi Kalos mi fic, IDMS. Bueno, este fic es mi orgullo, a pesar de todo, porque con sus fallos y recovecos marcianos, es el primer fic que concluyo y cuyo final alguien lee. Haima vislumbró en ese *prisma de posibilidades* un Severus/Sirius…

He aquí la razón que me tiene acá, tratando de pillar la inspiración (Aunque con Miranda de fondo es muy difícil): Un Severus/Sirius.

Y le pido ayuda al que lea el blogspot: Es complicado coger los caracteres tan dispares y unirlos, por lo que no puedo concebir una relación entre ellos, no absolutamente *Thomas se prende un pucho* . Puedo imaginar la unión, pero no deseo que sea forzado, no quiero hacer un *violamos al cuervo y Fin*, eso está bien para James, incluso para Remus… Es como hacer un yaoi con Pettigrew que no sea más que una ilusión en la cabeza de Colagusano. Y he aquí, en verdad, el desafío del fanfiction: Unir lo dispar, separar lo indivisible.

Yo amo a los dos personajes, a Sevie más que a Sirius, pero entre ellos es complicado hallar el punto de complementación, más allá de la unión fraternal que se insinúa magramente en el quito libro de Rowling (porque ni el sexto, que se anuncia como el Anticristo de la saga, me lo podría negar). Son caracteres que no persiguen lo efímero, que - lo quiera yo o no- poseen una carga tan grande de amarguras y cosas no dichas que me hacen pensar en el alcanzar lo que perdura, dejar una huella. No se trata de que loa haya sacralizado, pero PadFoot es terreno poco explorado para mí. ¿Qué tengo sobre Severus? El fic de Fox-Samma que, mil veces leído, me ayuda a sacarle nuevos carices a este ópalo, matices que enriquecen la psicología del personaje y me evitan dejarle caer en la ignorancia, o en la ternura empalagosa. De Siri-pooh, en cambio, no tengo nada concreto, sólo las mismas características que salen en la gran mayoría del material que he leído, siempre en pareja con Moony.

El problema concreto es que son iguales, el Doble Opuesto (utilizando bien el término) del otro. No son Contracaras, sino Dobles Opuestos: Poseen los mismos defectos y virtudes, no hay paso a términos medios, por lo menos no ahora. Son personajes que defienden lo que aman, y lo que desean, con uñas y dientes, que tienen un pasado lleno de pesadillas, de humillaciones: Por un lado, el estigma de ser el enemigo de los Marauders, de ser hijo de un padre que le desprecia por algo que es sencillamente *natural*; sueños rotos, la carga de una estirpe a la que odias, la carencia de algo real y absolutamente propio, por el otro. Sirius y Severus fueron marcados, despreciados: Uno por su padre, el otro por su madre: Uno humillado y que odia a los muggles; otro que es expulsado y amigo de los mortales.

¿Lo ven?...

Yo sí.

Son tan iguales que el odio que se profesan perdura hasta el final, mezclado con un tímido respeto… Respeto que tienen al ser tan parecidos.
Sí, me la craneo, y aún no puedo pillar a la musa escurridiza de este género. Tal vez venga sola, pero quiero que me ayuden, acabo de quedar satisfecho con la *Otra cicatriz*…

No sé, si ven algo diferente en ellos, que evite que termine haciendo un *fic-burrada* plis, un coment.

Thomas Mckellen

SCENARIO/ORIGINAL

Este relato ORIGINAL ha sido creado exclusivamente para la página de Blogspot.com, E.R.I.S.E.D y, por consiguiente, cualquier difusión del material aquí presentado en otra página o bajo otro seudónimo, sin autorización de su creador, acarreará problemas a su difusor, por hacerlo de mala fe. Thomas Mckellen jamás publicará estos textos en otra página, y si llega a hacerlo, será anunciado en E.R.I.S.E.D. con antelación.
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Hasta dónde puede enloquecer un hombre...

No sé...

Una escena solamente, un scenario ideal...

Donde la locura y la desazón se ven reflejadas

En una inocente risa.

Nada importaba más que el pasto que cedía bajo su espalda. El chico estaba sin defensa, sus manos retenidas por las muñecas, sus ojos clavados en la luna... Que observaba inverosímilmente...

Un jadeo en su oído, un solo de guitarra en sus oídos...

"Bulletproof Cupid"...

El hombre sobre él reía un tanto, satisfecho de verle así de sometido, su sueño tantas veces acariciado, al fin cumplido....

A lo lejos, el sonido de los autos que transitaban por la avenida principal.

Estaban solos, nadie los escucharía, por más que gritasen cualquiera de los dos. El adolescente se sabía completamente desamparado, percibiendo la brisa en su pecho, mientras sus pupilas castañas seguían fijas en la luna llena, en sus cráteres, en su nívea faz, sin sentido alguno entonces...

Le abrieron la cremallera de los pantalones, le desgarraron la camisa barata, le acariciaron las caderas, ese gemido asqueroso en sus oídos, como la melodía, como la luna en sus ojos...

- Eres tan riiiiico.... -. El hombre (bastante mayor, por cierto) enterró la nariz en su cuello, sin descuidar su aprieto, su violencia. Suspiró y miró la cara deseada, deslizó su mano callosa hasta la entrada, y ahora lo besaba mientras lo penetraba con los dedos, el muchacho incapaz de oponer resistencia alguna. – Me gustas tanto... serás mío.... serás.... mío... -.

El joven se arqueó, y pareció reaccionar. Se movió convulsivamente, sus piernas meneándose de un lado a otro.

- No… -.
- Te voy a pagar, puta… Te voy a pagar… -.
- No aquí, no así… -.
- Yo pago, yo decido –

El joven continuó peleando, pero lo sabía todo una tontería… No podía creer que…
La intromisión del segundo dígito le hizo perder la concentración.
- ¿No es esto lo que te gusta? -. Seguía diciéndole el hombre, mientras sacaba sus dedos de las entrañas del joven y se bajaba la cremallera de los pantalones - ¿No es esto por lo que huiste de casa y empezaste a pararte en esta esquina? – Jadeó y el chiquillo vio eso que se le acercaba y lo amenazaba, una sierpe, como todos le decían… Las conocía muy bien, mil veces las había probado, mil veces las había ayudado a entrar en su propio cuerpo, pero ahora… Ahora no quería.

Sí, me fui de casa por esto, porque quería ser de todos, porque siempre entre esas paredes blancas y esos preceptos de la pureza, yo no encajaba… Y me gusta ser poseído, me gusta ser mimado y tocado, me gusta ser violentado… Amo cuando los hombres me contemplan, cuando susurran en mi oído que soy de su agrado, cuando siento que sus manos se vuelven parte de mí, y me estremecen… Soy una puta, soy un maricón, y nunca he podido negarlo, es mi naturaleza…

Yo escogí abandonarte y ahora…

Ahora te las estás cobrando.

- ¿Te duele? – Sin ninguna delicadeza el hombre mayor apostó el glande en la entrada del adolescente y empezó a empujar con rabia, con ira, con celos…

Un gemido tras otro, vibras como si fueras un delicado instrumento en mis manos… Me odias, me lo dicen tus ojos y eso, por alguna razón, sólo consigue envanecerme… Has pensado en mí, has huido de mí, hasta que ahora te puse las manos encima… ¿Cuántos años no te he deseado, mi niño? Con tus ojos castaños, con tu piel dulce y plácida, esa mirada ensoñada que dirigías a los otros hombres, como homenaje a su belleza…

Pero nunca vi esos sueños fijándose en mí

- AHH-
- Que todo el mundo nos escuche… -.
- AHHH – Gozo y dolor, placer delirante… El chico sentía eso que se movía en su interior, que era aceptado por su cuerpo, y que a pesar del horro de la revelación, quería mucho más…

Nunca te vi con amor, jamás pensé que me querrías… Tus palabras, tus actos, los veía como parte de tu educación, como algo que DEBÍAS hacer…

La luna, es tan hermosa…

Mi piel, está tan caliente…

Estas ondas de dolor, estos escalofríos, no están bien…

Ámame.

Mátame.

El hombre se arqueó sobre el torso de esta hetaira sin senos, de cintura estrecha, y nalgas firmes, pequeñas… Todo él era pequeño, femenino, innegablemente extraviado… Tan dulce, el brillo de la luna, el viento frío, las luces torvas de los automóviles que se acercaban y alejaban, sin verlos, dibujando millones de formas, jugando con las sombras para hacerlo todo un sueño…
Hundió nuevamente su boca en aquella que por años contempló y deseó, sin acercarse… Mientras su cuerpo seguía el ritmo de embestidas terrible, sus brazos liberando al joven y tomando sus piernas desprovistas de cualquier protección, separándolas más para érase camino con fuerza y llegar hasta el fondo, el sexo de la meretriz enhiesto, moviéndose a este son electrizante…

- Dime que me amas… -.

Y por toda respuesta, el jovencito empezó a reírse… Ese chiquillo de 16 años fue incapaz de decir algo más, de hablar… Su cabeza se nubló y la risa ahogó su llanto, opacó las lágrimas que salían en tropel de sus pupilas… Sus manos libres se asieron a la espalda de su amante y se enterraron las uñas provocando nuevas sensaciones…

Risa, risa, risa…

La luna estaba tan hermosa, y él reía muy fuerte, llamado la atención de la gente que pasaba por ahí, pero que doblaban a cualquier lado al verlo tan humillado y contento.

Sólo son una puta y su cliente teniendo sexo… ¿no podrían hacerlo en otro lugar?

¿No pueden buscar una casa para estos jueguitos indecentes?

Gemidos, risas, palabras de amor que nunca le habían dicho, palabras que hablaban de obsesión, de un deseo que creció como crecía él mismo, lentamente, dulcemente…

- Me gusta la luna… Me gusta el pasto… ¿Me llevarás al parque de diversiones como acordamos, papá? -

El hombre finalmente sintió venirse, y ante esta pregunta retrocedió, asustado, más cuando el chico empezó a reírse de nuevo.

- ¿Me comprarás la paleta que olvidaste? ¿Me tomarás de nuevo en brazos cuando llore, y me acunarás? ¿Volvería a ser tu hijo odiado, aquel al que escupías, si regreso a casa? Me hiciste daño, estoy sangrando… -.
- ¿Qué dices? -.
- Me duele, papá… -.

La luna ya no estaba, no estaban los autos, el pasto bajo su espalda…

El hombre le contempló extrañado. Su querido niño nunca se había comportado así. Se sentó a su lado, completamente desnudo y le tocó la frente.

- Tienes un poco de fiebre, Francisco- Lo llevó a su pecho – Ven, descansa, no hables más… No me percaté de que estabas un poco enfermo… -. Le acarició la cabeza con cariño. Francisco era su puta preferida, el único al que buscaba cuando la soledad y su matrimonio le agobiaban demasiado.
- Estoy sangrando… ¿Eso es malo? -.
- No estás sangrando… Cierra tus ojitos, pequeño, descansa… Duerme conmigo ¿Quieres? -.
- ¿Soy tu hijo? –
- Si, pero duerme, te llevaré al parque ¿Bueno? -.
- YA… -.


"Bulletproof Cupid"

Friday, September 09, 2005

OTRA CICATRIZ
(Segunda parte y final)


Hicieron el amor en un estrecho cubículo, Harry mordiéndose la lengua para no volver a gritar de éxtasis, para no despertar sospechas. Así era su forma de amar; siempre en peligro, adicto a la adrenalina de ser rechazado, caminando sobre el filo de la deshonra con la soltura de un vampiro, sediento de emociones fuertes, que lo sacudieran una y otra vez…

Y luego del orgasmo, esas palabras que sólo Ron sabía decir en el momento y tono adecuados…

- Eres un descarado… Te amo… -.

Los labios hinchados del moreno sólo murmuraron *muerte*…

La primera parte de la promesa que se hicieron en el día de su graduación estaba cumplida…

Sirius había nacido, y ahora el trato también incluía a James, algo que no le agradó a Ron.

- No quiero. Huiremos, Harry ¿No lo entiendes? Puede que a tu mujer no le interese lo que ha parido, pero a Hermione le destruiré el corazón… James será su consuelo -.
- Jamás. Le has puesto ese nombre para que yo sienta remordimientos… Te conozco ¿Por qué me haces daño? -.
- ¡Tonterías! Hermione quiso ponerle ese nombre al bebé, yo no tuve nada qué ver… -.

El doctor se acercó por el pasillo y le dijo al orgulloso padre que podría pasar a ver a su esposa…

- Lo siento, por ahora sólo quiero ver al niño -. Le dijo él, ganándose un codazo por parte del pelirrojo. Esto no le pareció normal al médico, pero bueno, hay padres y… Padres.
- Por ahora estamos bañando a su hijo. Su mujer nos pidió que le avisáramos en cuanto pudieran verse, creo que necesita hablar urgente con usted, señor… -.
- Potter. Harry Potter – En su voz había desidia – Iré entonces, gracias por avisarme – Y dándole una mirada airada a Ronald, se marchó.

La pelirroja se veía un poco cansada, pero sonreía. En algún rato más le darían al niño para que amamantase, y antes, necesitaba hablar con Harry… No quería divorciarse de él, y la llegada inoportuna de ese pelirrojo lo precipitó todo… Ya no se trataba de conquistarlo, ahora era cosa de retenerle.

- Cariño… -. Quiso acariciarlo, pero Harry se alejó un poco, arisco. – Veo que al fin demuestras como eres… -.
- Lo sabías aún antes de proponerme que engendráramos a Sirius -. Replicó, molesto – Lo amo, y no puedes cambiar algo tan profundo y grande -.
- Nadie puede amar a una persona que corre a casarse de esa forma… ¿Has visto a Hermione? ¿No es ella tu amiga? ¿Tienes el valor, Harry, de destrozarle el corazón? -.
- Eres la madre de mi hijo, no mi conciencia -.
- Si te molestas es porque has pensado en ello – Sentenció la mujer, acomodándose un poco la jeringa del suero – En tu alma hay generosidad… No se la niegues a quienes sólo han buscado tu bien. Sirius ya nació… Hazlo por él -.
- Haré muchas cosas por mi niño, menos ésa – Sus ojos verdes estaban afilados, llenos de odio…
- Harry… -.
- Nuestro trato está cerrado. Viviremos juntos por tres meses más, hasta entonces compartiremos la cama, y yo me iré. No quiero seguir viviendo con una mujer, menos si te empeñas en sermonearme sobre lo que es correcto o no… -.
- ¡No me trates de esa forma! No me merezco que me des ese odio que sientes contra tu propia alma -.
- ¿Qué dices? -.
- Hemos hecho el amor, hemos vivido mil cosas… Te conozco… Le haces daño a tu cuerpo una y otra vez, buscando matar esos sentimientos a los que no tardas en entregarte cuando lo ves… Por nuestro hijo… Por favor… -
- Sólo tres meses, y me iré –

Tras lo cual, se puso de pie y fue a ver a Ron…

Pero éste no estaba.

Harry se mordió un labio…

Por supuesto, su *esposa*…

Hermione y Ron se quedaron por un par de semanas más, mientras Rose aprendía a llevar el ritmo de un niño en casa… Cuando se fueron estaban radiantes: ya tenían entrenamiento para lidiar con Remus y James, al llegar el tiempo…

Se cumplió el plazo, y ahora se contaban siete días desde el nacimiento de Remus y James…

El reloj anunció que era medianoche, y una horrible tormenta se había desatado.

Era el día señalado, y Harry no daría pie atrás. Se lo dejó muy claro a su amante en la carta que le envió:



Esta noche, y no te atrevas a venir sin los niños…Te mataré si me desobedeces.
Se reunirían en el cementerio de Godric Hollow, para pedir la bendición de Lily y James antes de marcharse…



Y desaparecer.


Su corazón dio un vuelco de gusto. Allí, al alero de un ciprés que lo cubría a medias de la lluvia, se hallaba su amado… Cargado con esas vidas preciosas…

Debido al viento, Sirius despertó y gimió de miedo… Harry se envolvió en magia para arrullarle, ambos cubiertos por la capa negra…

Al reunirse, se dieron un largo beso, un beso urgente, llevaban tanto tiempo sin tocarse.

- Ven. Quiero despedirme de mis padres, de los Marauders. Ellos nos van a cuidar -. Echó a caminar, pero se detuvo de inmediato. Los pasos de Ron no se escuchaban tras él.

El clima les dio un respiro… La luna se asomó en un jirón de cielo tenebroso, a curiosear y a iluminar con su blancura esta escena nauseabunda.

- ¿Me amas? -. Le inquirió el pelirrojo, en un susurro, el peso de ambos niños empujándolo hacia abajo, oprimiéndole el corazón.
- Te amo, moriría si me lo pidieses… -.
- ¿En serio… morirías? -.
- Sí… -.
- Vamos. Quiero ver a Remus antes de marchar -.

Uno al lado del otro, como siempre quisieron estar. La tumba de Sirius se hallaba vacía, sólo un ataúd haciendo bulto, para tener dónde depositar una flor y rezar una oración.

- Padrino… Al fin soy feliz, al fin empezaré una vida, como tú querías… Y será a tu lado, contigo… Dame tu bendición y cúbreme con tu manto, para no perderme y no padecer esta horrible soledad -.
- Remus… Sabes que nunca tuve intención de hacerte daño, pero como siempre le dijiste a Harry, y a mí… Vivan vuestras vidas como han escogido, y no se dejen arrebatar la alegría por una estupidez… El amor es lo único que los mantendrá vivos -.

Se miraron. James abrió sus ojos castaños, y contempló a su padre sin verlo, antes de volverse a dormir.

Ron apretó la mandíbula y se alistó.


- Quiero abrazarte, Harry. Sólo por un momento, deja a Sirius sobre la losa de la tumba -
- Podemos hacerlo después, el tiempo apremia… -.
- Por… Favor… -.
Lo hizo. Los tres niños quedaron allí, tendidos, aún dormidos.
- Lo siento… Lamento haberte hecho tanto daño Harry ¿Me perdonarías? -.
- Estamos juntos, es lo que importa ¿no? Jamás pensé que traerías a James… Se parece mucho a Hermione, tiene sus mismos ojos sagaces… - Se rió.
- Sí, y tiene su cabello, pero heredó la palidez de mi piel… Serán tres niños grandiosos, los nuevos Merodeadores ¿Cómo tú quieres, verdad? -.
- Sí… James, Sirius y Remus… -.
- Harry… Quiero que mueras… -. El moreno se separó de él, pensando que era una broma, una estupidez. La varita alzada de Ronald Weasley le hizo ver que no, que hablaba muy en serio…
- ¿Qué…? -.
- No lo hagas más difícil. ¿No lo ves? ¿Es que eres tan ciego? -. Poco a poco una sonrisa se dibujaba en los finos labios del mago – Estás loco, pero yo aún me puedo salvar… Yo aún puedo redimir el daño que he hecho… -.
- Olvídalo. Somos uno ¿lo entiendes? UNO… -.
- Siempre has sido tú… Tú me tomaste de la mano y me dijiste que me amabas… Tú llenaste mi cabeza de sueños, de ilusiones… Tú dijiste que nos marcharíamos algún día, juntos… ¿Olvidas que yo siempre estaba callado? -.
- ¡Viniste! ¡Viniste con los niños! -.
- Lo hice, para recordar que no tengo la culpa de tu vida, que no soy culpable de te que hayas convertido en esto… Que aún me puedo salvar… -.
- Baja esa varita, Ron… -.
- No voy a hacerlo… AVADA KEDAVRA -.

Y fue todo…

No sé en dónde comenzó la espiral, no puedo decir si acaso me dejé arrastrar, o yo quería… Lo amaba, con toda el alma, pero me pedía demasiado… Quise alejarlo de Rose, y tal vez a su lado se hubiera salvado también…

Una nueva figura se acercó a Ron, aún convaleciente… Lo abrazó y el hombre empezó a llorar en su hombro, sin consuelo.

- Estuvo bien… Ya no podía seguir así… No llores… No llores… -.

Una noche, igual a ésta, lo abracé por primera vez, tratando de entender qué era amor… Una noche igual a ésta, Remus me dijo que ya basta, que detuviera esta locura… Y no le hice caso.


Hermione, con los ojos arrasados en lágrimas, se acercó al cuerpo de su mejor amigo, y le bajó los párpados, con delicadeza a pesar de sus manos temblorosas…


Habíamos enloquecido, unidos, pensando que podíamos revertir al mundo, y hacerlo girar en sentido de nuestros caprichos… No fue así, lo entendí cuando vi los ojos de James, la ternura con la que Hermione abrazaba a sus hijos…

Me di cuenta de que siempre la había amado a ella, y era un cobarde al despojarla de lo único que pude darle de verdad… Dos vidas que no eran culpables, que estaban impolutas…Pensé en Remus, en Sirius y esa historia jamás contada… Amar a una persona que carga con este pasado es para perderse en el abismo… No quise eso para mis hijos.


- Debemos llevar a Sirius con Rose… No lo va a entender, pero… -.
- Ella siempre lo supo, Hermione, aún antes que tú… -.


Soy un cobarde, pero es mejor así… Es mejor seguir viviendo con un hermoso recuerdo, con la risa que llenaba mis oídos cuando éramos unos niños, esa voz diciéndome que me amaba con ternura, con miedo, exquisito… Nadie merece pasar por lo que pasó él, por eso hoy le he matado… Nadie merece creer tan ciegamente en una vana armonía de locura…


- Nunca te querré como lo quise… -.
- Me amas como a una mujer, Ron, lo tuyo con Harry era una obsesión insana, impura -.

Y ahora viviré sólo, quedaré sólo yo para recordar el eco de esta vieja canción, y llorar cuando ellos me digan que sólo hice lo que tenía que hacer…
Desde hoy, llevaré tu cicatriz.

FiN


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Comentarios?
Gracias

OTRACICATRIZ(Primera parte)



Disclaimer: J.K.Rowling es dueña intelectual de los caracteres de Harry Potter, y por lo tanto, declaro hacer estos trabajos sin ánimo lucrativo. En tanto, cualquier personaje que no pertenezca a J.K.Rowling es absoluta propiedad intelectual de THOMAS MCKELLEN.

Este fic ha sido creado exclusivamente para la página de Blogspot.com, E.R.I.S.E.D, y por consiguiente, cualquier difusión del material aquí presentado en otra página o bajo otro seudónimo, sin autorización de su creador, acarreará problemas a su difusor, por hacerlo de mala fe. Thomas Mckellen jamás publicará estos textos en otra página, y si llega a hacerlo, será anunciado en E.R.I.S.E.D. con antelación.

Eso es todo, gracias, y es el primer Bonus por visitar mi blogspot

HP
Otra
cicatriz


Siempre se lo había escondido. No asumir la realidad era uno de los temas preferidos de Harry Potter. Ya lo había hecho durante años, desde que *destruyó* a Lord Voldemort, y se proclamó definitivamente el Salvador del Mundo…

¿Y de qué le servían los títulos?

De nada.

Había perdido a su único guía en este mundo, el último Marauder que quedaba vivo…

Remus.

A su lado, una joven pelirroja y hermosa descansaba tranquilamente, su respiración serena, sin sospechar todos los sentimientos que se revolvían bajo el pecho del hombre que vino a iluminarle la vida… Con Sirius, su primogénito, que tenía los ojos azules, profundos, y el mismo cabello rebelde del padre.

Harry amaba a su hijo, pero no a la mujer que tenía al lado. Lo peor era que ella ya se había olvidado del pacto que firmaron cuando decidieron engendrar al pequeño Sirius…
No enamorarse de él.

Rose no era una prostituta, ni buscaba trepar, ni hacerse un nombre. Era una muggle común y corriente, que conocía la vida de su esposo y el mundo mágico sólo por deber. Ella estaba muy feliz entre las cosas de Muggles, pues entre ellas había nacido, por lo que el ansia de vida privada de su esposo no le incomodaba mayormente. Ambos trabajaban, Harry como Jefe de los Aurors, Rose como administradora en un restaurante muy bonito en un barrio acomodado de Londres.
Harry recordó cuando conoció a la mujer. Había sido en un bar, una noche cualquiera en invierno. Entonces, la chica era sólo una barwoman, poniendo su talento con los tragos al servicio de la noble causa de terminar la carrera de Managment lo antes posible. Le llamó la atención Harry por todo el dinero que llevaba, por su ropa descuidada y por esa cicatriz en forma de rayo en su frente… Le metió conversa y, como en toda película clase B, el héroe le termina contando sus desdichas al tabernero…

Y el tabernero escucha con atención, escamoteándole todas las copas de más que podrían acabar con el héroe en el hospital por intoxicación etílica y con el tabernero preso por irresponsabilidad.

Harry por primera vez se sentía tranquilo. Era día martes, ningún ser humano con trabajo estable se hallaba cerca para oír, menos los magos, que tenían al Leaky Couldron por único sitio decente para beber. Así que, contarle sus penas amorosas a una desconocida harto guapa, que no sabía ni de lejos lo que era Hogwarts, Voldemort, Dumbledore, etc. no se veía para nada como una mala idea…

Le contó, y Rose se empezó a reír… ¡Qué tipo más imaginativo!

- Te podrías escribir un libro ¿Varitas mágicas? ¿Escobas voladoras, Hiponosécuántos?... Dime la verdad: ¿Hiciste una parada antes de llegar aquí? No me molesta que fumes marihuana, pero creo que merezco que me lo digas si se supone que seguiremos hablando por toda la noche, Harry -.
- No me he fumado ni un cigarrillo… ¿Tienes alguno, de casualidad? -.

La chica sonrió y le encendió uno.

Así estuvieron hablando tonterías toda la noche… Hasta que el bar cerró y Rose decidió llevarse al cuenta-cuentos a su casa, arriesgándose a cualquier cosa… Quería seguir escuchando más y más…

No tenía trabajo a la noche siguiente, que pasó en vela, riéndose de cada cosa que Harry le contaba, ya mejor de su resaca…

Llegó el día jueves, y Rose tendría visitas: su madrecita, a la que odiaba.

- Pero ¿Tienes un lugar dónde quedarte? -. Le inquirió, preocupada.
- Si, lo tengo, aunque no me gusta llegar a él -.
- Te llevaré entonces… -.
- Sí, y verás que no te estoy mintiendo… -.

Y no le mentía.

Como no le mintió cuando ella le dijo que se sentía atraída hacia él, que amaba esos ojos verdes contemplándola y querría hacerlo cada día…

- No te amo, y nunca podré amarte, Rose, lo siento -.
- Al menos… Un hijo. Me gustaría tenerlo, y quiero que sea contigo -.
Para entonces Harry tenía 22 y el ansia de dejar algo en este mundo le había atrapado. Quería algo puro cerca de él, algo que lo ayudase a vivir… Porque cada noche pensaba si se merecía estar vivo.

Accedió, pero cruelmente.

- Viviremos juntos, como quieres, pero te tocaré sólo hasta que quedes embarazada. No deseo hacerte daño, y quiero que nos separemos en cuanto nazca el niño. Nos preocuparemos de criarlo, juntos, pero no quiero estar cerca de ti por más tiempo del necesario -.
- ¿Por qué? -.
- Porque jamás cambiarás lo que siento, lo que soy en el fondo. Sabes lo que tengo en el pecho, atravesado, sabes que no amo a mujeres, y si consiento es sólo porque eres mi amiga, porque te quiero, y porque quiero que mi hijo tenga tus ojos azules… -
Mientras Sirius se gestaba en el vientre de Rose, Harry se había determinado a amarla, con una obstinación tan grande como la de su propio padre… Se casó con la joven sólo porque la familia de ella era conservadora, y sería mejor vista socialmente como madre separada que como madre soltera. Además, ella y el niño quedarían protegidos ante cualquier eventualidad…

Pero él regresó, regresó y le mató las ganas… Lo hizo sentir estúpido, perdido…

Un día tocó a la puerta… Domingo, Sirius aún no nacía, Rose estaba por tenerlo… Bueno, Harry abrió y se quedó helado en su sitio, queriendo huir, las piernas sin responderle.

- ¡HARRY! – De nuevo esa voz jovial y descuidada en sus oídos, con la alegría que nos traen los buenos recuerdos…

Más alto que nunca, y con la piel tostada por el cálido Egipto, Ron se veía maravilloso.

No venía solo. De pronto una masa castaña que olía a lavanda le obstruyó la visión. Un beso suave en sus mejillas y esos ojitos marrones que siempre lo habían querido.

- ¿Qué sucede Harry, ya vamos a…? -. Rose se quedó paralizada en su sitio, reconociendo al pelirrojo del que su esposo tantas veces le había hablado, sin saber si sonreír o echarlo.
Durante un buen rato el silencio se apoderó del lugar, todos bastante incómodos, excepto Hermione, que al parecer nada sabía.
- Tu esposa es bellísima Harry ¿Rose, cierto? -.
- Sí, Rose Busiris… -. Replicó, clavando sus pupilas en Ronald, fijos. El pelirrojo le contestó la agresión con una descarada sonrisa. Busiris era el nombre de un faraón egipcio que solía quemar como sacrificio a los dioses a todos los forasteros, sin distinción.

La mujer supo que el pelirrojo había captado muy bien la indirecta… Y cómo no hacerlo, si al final había seguido los pasos de su hermano Bill, y era el nuevo desactivador de tumbas para Gringotts, en compañía de su esposa, una reputada y precoz arqueóloga, la Halfbood Hermione Granger.

- ¿Cuántos meses tienes? -.
- Ocho y medio -. Replicó la mujer suavemente, tomando asiento, mientras su esposo atendía a las inesperadas visitas. - ¿y tú? -.
- Seis y tres semanas. Ron y yo estamos muy contentos por la llegada de los gemelos –
La noticia le cayó como una piedra en la cabeza al moreno. ¿Gemelos?
- Nosotros sólo tendremos uno, pero no nos importa: Le pondremos Sirius, como tu padrino ¿No cariño? -. Ron parecía un poco harto de la presencia de Rose, pero lo disimulaba.
- Sí… -.
- Oh, nosotros le pondremos a uno de los gemelos Remus, ya sabes… Él murió para protegerme de los Death Eaters – Murmuró Ron, sus ojos celestes enlazados con los verdes – Supuse, en cuanto me enteré de que te habías casado, que le pondrías Sirius a uno de tus hijos -.
- Sí… ¿por qué no nos invitaste a la boda? -. Le reprochó la castaña.
- Estaban de merecida luna de miel. No los quise *molestar*… -.
- Sabes que nunca molestas… -.
- Bueno, estábamos a punto de almorzar, así que, por favor, pasen al comedor. Allí conversaremos más a gusto –

Harry acompañó a Hermione, que a la sazón estaba más cansada, en tanto la otra mujer se quedó a tras con Ron.

- Noto que lo sabes ¿Verdad? -.
- Harry es, antes que mi compañero, mi amigo, y me gustaría que no olvidases que debes honrar a tu esposa -. La sonrisa se ensanchó en el rostro de pecas.
- Hermione no tiene nada que ver en esto. Pero, volviendo al tema que nos compete… ¿Sabes que Harry sólo me desea a mí? -. La mujer se mordió un labio, en tanto Granger se quejaba de su dolor de espalda y Harry le atendía, todo amor.
- Lo sé, pero lo defenderé de ti, por Sirius -.
- Te deseo toda la suerte del mundo, *Rosie* -.
Debido a la rabia que significó para ella tener tan cerca de un declarado rival, Rose empezó a padecer contracciones… Y tuvo que ir al hospital… Su niño nacería en mayo, al final de todo…
Harry no pudo asociar los espasmos de su esposa con lo que Ron hubiese podido hacerle, pero no le importaba. Lo único que ocupaba su mente era que Sirius estuviese sano y salvo…
- Oh, Ron… ¿Te imaginas cuando nosotros estemos así, asustados y ansiosos? -.
- Me preocuparé de que no sientas miedo… -. Estrechó la amplia cintura entre sus brazos y mordió suavemente esos carnosos pétalos, en medio del pasillo de pre-parto. Harry estaba saliendo del salón en el cual hospitalizaron a su esposa y se quedó de una pieza, al ver que sus mejores amigos se estaban besando apasionadamente…

Jamás había podido evitar que la amargura se apoderase de su corazón cuando contemplaba aquella escena.

Ronald, pérfidamente, le quedó mirando con sus enormes pupilas celestes, mientras besaba profusamente a su esposa.

Harry dobló por el pasillo hacia el baño, y allí se encerró.

Oh por dios! A pesar de los años y todo lo demás, no podía dejar de amarlo.

¿Se podía ser más patético?

Ciertamente no…

- Harry… -. La voz preocupada de Ron resonó en los baños, abriéndolos cubículo por cubículo… Potter estaba seguro de que Ron sólo estaba checando que nadie pudiera descubrirlos.
- Vete, Ronald –
- Vamos… ¿seguirás haciéndote la damita herida? – Le inquirió, suavemente – Sabes que teníamos deberes…Harry, yo te amo, no he podido vivir sin dejar de pensar un solo minuto en ti… En tu piel pálida, en esos ojos que me acunaban por las noches -. El moreno intentó escapar, pero no por nada Ron había aprendido a sujetar flechas al vuelo con la mano desnuda, por lo que lo agarró de un brazo y lo retuvo. – No te escapes de mí, es vano huir de lo que amas… Bésame, llevamos incontable tiempo separados… -. Por primera vez en tanto tiempo, Harry hizo aplomo de hombría, y lo empujó, para salir completamente sonrojado a aparentar frente a su mejor amiga que todo estaba bien…

Pasaron casi toda la noche en vela, aguardando.

- Aún no se ha dilatado lo bastante. Les sugiero que regresen a su casa. Nosotros les avisaremos si se presenta alguna novedad -. Comunicó el médico, con voz pausada y serena. Hermione estaba muy cansada, el viaje y las emociones habían sido demasiado para ella…

Por ello, se quedó dormida en la van antes de llegar a casa.

Ron la tomó en brazos, con gestos diligentes y mimosos, como corresponde a un feliz esposo y nuevo padre. Harry creyó que se recostaría en el cuarto de invitados, con su mujer, así que más tranquilo, se encendió un cigarrillo y se arrellanó en el sofá, a no pensar en nada, con los ojos perdidos en el cielo que rápidamente se tornaba de un tono violáceo, anunciando el amanecer.

-Todos tenemos nuestras pequeñas vanidades… -. Susurró suavemente en el oído del joven, disfrutando cómo Harry se estremecía ante el experto toque de sus dedos blancos, largos y fuertes quitándole su cilindro de tabaco … - Durante meses mi sangre ha estado gritando tu nombre… -.
- Déjame en paz, Ronald. Tienes una mujer, no lo olvides. Tú dijiste *debemos asumir nuestra labor en el mundo, Harry, cosas como nuestra relación son sólo de niños, se pasan con la edad*. Yo he hecho mi parte, no vengas a joderme la vida ¿Quieres? -.
- ¿De verdad, Harry, deseas que yo me marche? -. El pelirrojo se movió con agilidad hasta quedar frente a su mejor amigo, y mirarlo a los ojos, en tanto acariciaba los muslos del moreno, donde el sexo aguardaba, expectante por algún recuerdo para despertar. - ¿Quieres enterrar definitivamente tus susurros en mi cuello rogándome un poco más, como si fueras una dulce putita?- Expiró humo sobre el rostro de su amante, sonriendo - ¿Quieres olvidar las veces en las que te he poseído, en las que gritaste tu orgasmo mezclado con mi nombre? No te engañes: Estamos destinados a permanecer juntos, por siempre -.

El moreno se quedó callado. Cada fibra de su cuerpo estaba gritando por una caricia más, por un roce de esos labios vehementes, chillando de hambre por ese corazón egoísta, posesivo y asesino que lentamente le fue quitando la cordura durante años…

Lo aceptó en su boca, en sus piernas, en su alma una vez más, sin llorar de culpa, sólo con placer…

Le dolía pensar en Rose y en Sirius, pero Harry no tenía ganas de evadir ese amor destructivo que anheló durante tanto tiempo, que era lo único que podía mantenerlo con vida. Hermione podría descubrirlos, tantos males acechando en sus cabeza, y a ellos no les importó. Incluso, se rieron de las eventualidades haciendo el amor en la sala, cerca de la escalera, las pupilas verdes observando en un resquicio de luz los peldaños que lo separaban de la destrucción.

- No quiero que vuelvas a dejarme. Cumplí con mi palabra. En cuento mi estrella nazca, me iré con él de aquí, como tú deseas… Y tú debes hacer lo mismo con Remus. Créeme, Ronald. Si te atreves a quedarte con Hermione por un día más de lo estipulado, me cercioraré de hacerte mil pedazos, de arrancarte cada nervio del cuerpo con una aguja de coser… -. Ron le tapó la boca con los labios, un solo ser después del coito.
- Shhhhh! Remus y Sirius estarán juntos, al igual que nosotros… Ya con nuestros hijos, podremos vivir en paz, como lo deseas… Sólo quédate callado por un rato y veamos cómo la luz del sol cambia el contorno de las cosas… Estoy dentro de ti, como ahora, y no pretendo abandonarte por nada del mundo… Me perteneces -.
- Ojalá no te olvides de ello – Potter emitió un gruñido de incomodidad cuando el miembro del pelirrojo abandonó su cuerpo, y se fue a la ducha, para hacer el desayuno. Su amiga era muy madrugadora… Ron, por otro lado, echó a un lado su melena de sangre y se quedó mirando por la ventana la hermosa panorámica. Ya muy lejos estaban esas ocasiones en las que contemplaban cómo el sol despuntaba sobre Hogwarts unidos, siendo sólo uno…

Ya no eran niños, habían pasado los tiempos de irresponsabilidad y de juegos… Estaban casados, separados lo quisieran o no, y ninguna fuga iba a remediar la distancia que se interpuso por obra de los años, los deberes y las proyecciones…

Pero no iba a permitir que por eso la diversión se le acabase. Le gustaba atosigar a Harry, acosarlo, saber que sentía que ningún sitio era seguro.

- No Hermione. Por favor, quédate aquí -. Le pidió, le rogó con suaves gestos – No quiero que te agobies… Vinimos a visitar a nuestro amigo, no a ser una carga para él -.
- Pero si nace Sirius, avísame ¿bueno? -. Potter blanqueaba los ojos, incómodo y celoso, en un rincón. Detestaba ver que Ron parecía disfrutar con el teatro de la *Familia Feliz*.
- Ven, despídete de mí-. Después de ello, el joven bajó su boca hasta el vientre de su esposa y le dio sendos besos – Adiós Remus, Adiós James – Y tomando su chaqueta, tomó por un hombro a Harry, y le dio un suave empujón.
- Hasta más tarde Herm –
- Cuídense -.

- No puedo creer que lo hayas hecho… -. Masculló el moreno, enfurecido.
- ¿Qué te pasa? -. Exclamó molesto el pelirrojo, cuando la Van se detuvo a un lado del camino, en un sitio más o menos solitario.
- Le pusiste el nombre de mi padre… -.
- ¿Piensas montar un escándalo por ello? Me gusta ese nombre desde antes de conocerte. Era el nombre de un primo mío y… -.
- No tenías derecho… -.
- Mis hijos se llaman como yo quiero, porque yo los engendré -.
- ¿Es para presionarme, verdad? Detestas a Rose, lo único que quieres es que nunca se haya cruzado en mi camino… -.
- ¡Estás paranoico! -.
- ¡No! Yo sé leer la mente, sé lo que piensas… -.
- ¡Otra vez haciendo eso sin mi autorización! -.
- ¡Sí!... Creo que es mejor que paremos esta insensatez… -. Harry se bajó del auto, y le dejó el puesto de conductor a Ron, echando a andar por la berma sin ningún cuidado. Maldiciendo en todos los tonos que conocía, Ronald también se bajó, y lo agarró de un brazo.
- Deja de comportarte como una mujer… -.
- ¡Es tu culpa! -. Tenía los ojos llenos de lágrimas que no derramaría - ¡Nunca debiste regresar! ¡Rose y yo estábamos tan bien…! -.
- No renunciaré a lo único que me ha hecho feliz, Harry, y eso lo tienes más que claro… Te haré daño hasta que entiendas que te amo… -. Lo arrastró – Vas a volver a ese auto, y vas a seguir fingiendo, hasta que Remus y James nazcan… Tú me amas, y yo te amo, somos uno Harry, no te olvides de eso… De que hicimos un pacto hace algún tiempo…No te olvides de que eres un hombre, y debes portarte como tal -.

Llegaron al hospital y Rose había entrado en labor, así que Harry fue vestido y llevado de inmediato a la sala, para contemplar el nacimiento de Sirius, sin darle tiempo ni a coger la cámara de video…

- No te preocupes de la cámara ahora… Sólo tómame la mano y dime a cada rato que no duele y que va a salir bien… Porque será parto natural -. Le ordenó la mujer…
Fue un buen rato, en el que Ronald se paseaba de un lado a otro de la sala de espera, nervioso. Harry estaba empezando a echar pie atrás, algo que no le convenía para nada…
Lo amaba como a nada en el mundo, pero no iba a cejar en sus pretensiones.
Se quedó casi paralizado cuando lo vio salir. Harry lo estrechó en sus brazos con los ojos brillando de algo indefinible, como cuando era un niño y se los topaba luego de una temporada con los Dursleys… Una verdadera y profunda alegría que lo iluminaba por dentro, le imprimía a su sonrisa esa belleza de la que se enamoró…

- ¡Ha nacido! – Gritó en los oídos de su amigo - ¡Sirius está sano! -.
- ¡Felicitaciones compañero!-. Se abrazaron sin tensión, genuinamente alegres y cómplices.
- Es precioso, con los ojos de Rose, con su piel pálida y mi cabellera rebelde… Está sano, igual que la madre… ¡No sabes lo feliz que me siento! ¡Mi hijo! -.
- Pronto yo pasaré por lo mismo, así que me gusta saber que no es tan difícil -. Comentó, soplando de alivio, aunque dudaba tranquilizarse con los Weasleys en pleno metidos en el hospital… Harry lo tomó de la mano, y lo arrastró al baño. Ver esa vida despertando le había provocado ansiedad, quería sentirse completo…

Ron alzó una ceja, interrogante, pero lo entendió todo, y no pudo evitar sonreír…

Ése era el verdadero Harry Potter, el que no era hijo de familia bien formada, el que no pensaba en algo más que el *ahora*, el *ya*… El que después de llevar a cabo su *misión* se había lanzado sólo a satisfacer su hambre, su apetito de amor, en los brazos de casi cualquiera, en los labios que se lo ofrecieran…

Ese niño que sólo pretendía ser amado, sentirse vivo…



(Fin del primer capítulo)


Saturday, August 20, 2005

Lo que te pones a pensar en algunas semanas lejos de tu mundo...

Hola…. Si, llevo muuucho tiempo sin aparecerme, pero bueno, eso se llama vacaciones… Estoy muy nerviosito, porque al fin he terminado IDMS… No sé qué les parecerá a mis fans (Qué raro suena eso), pero yo he quedado medianamente satisfecho.

Mis ganas de seguir escribiendo flaquearon inconteniblemente hace menos de dos semanas, cuando recibí un review que ponía que lo dejara… me lo medité, oh dios, eso sí que fue duro… Una posibilidad nada más, que se ahogó solita, porque el apoyo de una chica española y todos los comentarios que recibí después a propósito de ello me hicieron desistir de esta idea… Sinceramente, iba a seguir escribiendo de todos modos, aunque no publicando, tal vez… Iblis, una amiga mía muy amada, empezó a hacer diseños de personajes para mis fics… Hizo a Thomas Mckellen, a Caín Rodríguez… Me sentí tan orgullosa de entusiasmar a una persona hasta tal grado con lo que escribía!... Durante muchos años, mientras comenzaba, escuché tantas veces que debería dejar de escribir *cuentos fantásticos*, que el comentario de esta chica simplemente me descorazonó. Debo admitirlo: soy un chico soberbio, que no es muy adepto a la crítica sobre el único talento que considero, he desarrollado un poco, el único talento que tengo… Me dio rabia, sino me lo hubiera pensado un poco más mi contestación a esa crítica hubiese sido la de una niña completamente histérica, herida, pero se sobrepuso mi sentido común… Una vocecita en mi cabeza dijo que mejor dejara de sulfurarme por cualquier cosa…

De todos modos, voy a seguir, porque tengo tantas cosas en la cabeza, que me las tengo que sacar. Sé que sino se me da bien con los libros, puedo inventar cualquier otra cosa… Lo más seguro es que ningún texto original salga a la luz, pero sé que habrá gente que disfruta de ello, y mientras así sea, mientras a mí me guste lo que hago, no tengo mayores motivos para dejar de trabajar, como le llamo yo a mi manía de escribir historias medio Hornos…

Ah, no lo he comentado… Estoy trabajando con Axon Corvus y Belsan Empress en un Original, se llama TRISQUEL. No sé mucho de qué va, pues apenas comenzamos el proyecto se me vinieron en avalancha los exámenes y los trabajos finales, así que me perdí el primer, el segundo y sabe dios y mi cuenta de mail cuántos capítulos más. La última vez que me metía al compu (apenas llegado a Osorno) me topé con Axon, y él muy amablemente me pasó lo que tenían adelantado con Belsan…

Me quedé con la boca abierta, me gustó mucho. Eso me animó un poco más. Mis días acá tampoco han sido de los más placenteros, aunque francamente han sido mejor es que los días que pasé en Santiago… Mis clases empezaron oficialmente el ocho de este mes y estamos a…20!... Como verán, llegar el martes recién pasado no me ha servido nada de nada. Me he perdido la mitad de las clases porque me quedaba dormida en cualquier sitio, es que estaba muy cansada y con nudos en la espalda que a estas alturas aún no puedo sacarme y me duele… Me voy a poner al día, ahora que he terminado mi fic 1 de … 12 ^^;

Pero las vacaciones han arrojado algo increíble y que me llena de fuerzas: Los Slyths nuevos.

Las cosas en casa no van bien: mi padre se quedó sin trabajo y por ello mi mamá tuvo cuidado de repetirme cada cinco minutos que congelara la carrera o que me trasladara, o que empezara primer semestre en Santiago, en una universidad privada… me lo he pensado, pero creo que no quiero. No podría volver a mi casa, sería como regresar a la cárcel, claro que con provechosas ventajas… Pero, acostumbrarme otra vez a personas nuevas, a un ambiente completamente distinto al que tengo acá, es algo que me frustra. Sería dar pie atrás, arrepentirme de la decisión que he tomado, algo que mi madre no olvidaría mencionar cada vez que tengamos una discusión. Amo Santiago, es mi vida, y acá en Osorno estoy metido en una tumba, pero por lo menos tengo paz, no estoy constantemente controlada por mi mamá, no estoy bajo el yugo de ser quién arregle todos los problemas, quien salga a buscara mi papá para que se acuerde de que tiene una familia a la cual debe darle dinero para soportar el gasto diario… Allá están todos mis amigos, está el rol, está Hogwarts… están mis fans y tal vez haya algo más…

Me sentiría allá como Lex Luthor atrapado de nuevo por su padre

Sólo por mis amigos estoy reconsiderando una y otra vez el volver, y ahora que se han sumado muchos más… No sé…

Hay muchos chicos nuevos es la casa de Slytherin. El primer día que fui allá, alguien me dijo que no me consideraba alumno de la comunidad, o sea, que yo no tenía nada qué hacer allá… Me puse furioso, mi ira siempre demasiado cerca de la superficie, pero eso me dijo “Thommy, creo que tiene razón por este rumbo” Sentí que no tenía nada qué hacer allá, que ciertamente había estado mucho tiempo afuera… ¿Se lo pueden imaginar?

Como dice el Necro tan acertadamente…

Un freak al cual los freaks consideran FREAK

¡Qué cosa más desafortunada!

Soy ñoño mágico (yo les puse ese nombre) y en Hogwarts siempre, pero siempre me había sentido en mi casa, con mi familia. Que me salieran conque “lo siento, pero yo no te considero parte de la Casa de Slytherin” fue una bofetada muy grande para mi estima, fue como si me dijeran, “jamás calzarás en ningún lado, porque nunca estás acá”. Es cierto, las cosas iban un poco mal, a los Slytherins se nos considera los malos del cuento, pero no estaba dispuesto a consentir que me siguieran poniendo la pata encima, como si yo no valiera nada de nada… Estoy allá desde que empezó el tema… Mis amigos me dijeron que no prestara oídos, que lo habían dicho sin pensarlo… pero me dolió que dos lamebotas valieran más que yo, que dos personas que sirven a intereses estúpidos y vanos fuesen protegidas con ese encono… Si, había pasado mucho tiempo afuera, estoy siempre mucho tiempo afuera de todo, no participo en nada… Tengo un mundillo en el cual estoy siempre demasiado tiempo, el suficiente como para que a la mínima brizna de problemas, se tambalee y caiga…

Pero nuevamente me pregunto, y éste es el punto ¿Qué ganaría regresando a Santiago? ¿Ganaría más tiempo para mis amigos de esta manera? ¿Ganaría más tiempo para vivir? ¿Ganaría un poco más de respeto? Estar en todos lados no significa estar comprometido con lo que hago… Con los que amo… ¿o Sí?...

¿si regresara a Santiago, si me metiera más en Hoggy, si pasara más tiempo con los chicos de Slytherin, con Merlina, con Crow, con la Iblis… Ellos me amarían más? ¿Me respetarían? ¿O simplemente nos hartaríamos de vernos las caras y pronto me alejaría de ellos, como ya me ha pasado un millón de veces, como parece suceder con Lynn o con la Sato?

Creo que esa pregunta nunca la responderé a menos que me arriesgue.

Mi mamá dice que los amigos que haces en la escuela o en la universidad no son los que quedan, porque ellos hayan su trabajo, hayan sus familias y se establecen… Se hacen adultos, y si tú no vas a su ritmo, simplemente se desvanecen…

¿Sucederá lo mismo con estos amigos que ahora tengo, con estos amigos que no vacilaron en hacer acuerdos y dejar todo botado para despedirme en el bus que me trajo acá?

Eso no tiene respuesta.

Para mí, no la posee, porque al cambiar de estado, al tomar una nueva decisión, todos toman un camino distinto… Algunos se acercan más, otros permaneces imperturbables… ¿Cómo saber a quién aferrarse? ¿Cómo saber en quien confiar? ¿Cómo saber quién no te enterrará un puñal en la espalda?...

Quizás, debería regresar, para ver qué pasa, debería dejar pasar el tiempo… Aunque ya la distancia ha matado algunas amistades.

Thursday, July 28, 2005

Es una cosa que voy intentando yam?

¿Qué es, sino una burla, esta lujuria que llena mis entrañas?... Amanece, lentamente, opacamente, y ya no puedo sino contemplar tu imagen en mi cabeza, con unas ganas de hacerlo realidad tan distantes, tan ardientes que hacen llagas auqnue yo no lo desee...

Aunque huya de este dolor, no lo permite una parte de mi alma, llena de rabia, llena de adolscente y puro descontrol... Sólo te pido un favor ahora que me dejo caer... Dame un beso y dime que me amaste alguna vez... Dímelo



Un comienzo(Mientras posteo y converso)

Me siento un poco nervioso, lo reconozco... Es la primera vez que hago algo así, y bueno, uno puede cohibirse un tanto al saber que todo el mundo lee lo que piensas... Paradójicamente es esto lo que más emociona al momento de abrir un blog, flog, o como sea que se llamen estas cosas... El hecho de exponer una parte de ti, algo que tal vez no te atreves a decir a nadie... y dices de todas formas porque callártelo es mil veces peor... Ayer fui a ver a una persona muy querida para mí y otra ha resurgido de ese mar en el que le creía absolutamente ahogado... Le he dado vueltas todo el día al asunto (bueno, el escaso tiempo que he estado despierto) y me pregunto una y otra vez si acaso me están castigando, o es que Murphy escribió sus leyes solamente para que yo me enredase una y otra vez en sus retorcidos recovecos... tal vez es así, tal vez me odia el universo y me considera aberración... Me da lo mismo, ciertamente. Lo que me molesta es que siempre que creop estar seguro algo viene a mover mi suelo y a recordarme que no tengo comprada mi tranquilidad. He escogido un sendero muy curioso, y siempre me olvido de que con cada decisiçon vienen consecuencias, vienen nuevas opciones, y me olvido que esconderse tampoco es la solución...

Me acuerdo de un personaje que inventé un tiempo atrás...

Bueno, a lo mejor escrobo algo más si se me ocurre, por ahora mi mente está focalizada en ir a HC el sábado y ser el Severus nuevamente, me gusta ese rol, es algo simpático, uso esa cosa tan histriónica e infantilmente ególatra que es mi carácter...


Un beso, Mormel, y pregunta lo que quieras...

Atte

Segrael.